Dime, niña de ojos tristes, qué te sucede?
Es una larga historia, que nunca quise contar…
Así ella quiso contar lo que nadie conocía, pero no tuvo fuerza para hacerlo. Ya ni siquiera podía llorar, porque no le quedaban más lágrimas que derramar. Alguna vez ella logró ser feliz, que buenos fueron esos días, tan lejanos a la realidad.
Todos la reconocían por su suerte que poseía, era admirada por algunos, pero sobre todo envidiada por la mayoría. Siempre le importó ayudar a los demás, era sociable, confiaba en los demás, y recibía cariño de las personas que la rodeaban, porque se destacaba sin darse ella cuenta por su forma de ser tan optimista.
Pero fue creciendo y viendo la realidad. Por esto, también su personalidad fue cambiando. Mas, sólo fue un cambio interior, puesto que por fuera seguía siendo la misma niña de siempre. Su optimismo fue desapareciendo, cada día era más realista, porque todas sus ilusiones y esperanzas terminaban desapareciendo sin conseguir nada. Estas desilusiones y decepciones le hacían mucho daño, dejándola muy triste por dentro, pero por fuera nunca lo demostró, porque siempre decía “todas las cosas pasan por algo, si esta vez no resultó, la próxima vez será mejor”.
Llegó a tal punto de no tener ningún sueño o utopía para su vida, que se volvió fría ante sus expectativas. Su realismo llegó al extremo de convertirse en pesimismo, en pensar siempre lo peor de la situaciones, para así poder prepararse sicológicamente para lo que se le atravesaría. Aquella joven sociable, empezó a encerrarse. Cada persona con la que ella se encariñaba, significaba un nuevo dolor. Cada una de esas personas la terminaba dejando sola, o se acercaban para su propio beneficio. Su alma se dañaba cada vez que creía que esa persona sería distinta a los demás. Nunca existió alguien que la comprendiera o la acompañara, estaba destinada a quedarse sola.
Así, la niña se acostumbró a su soledad. Fue algo muy doloroso lo que tuvo que aceptar. Dejó de creer en las personas, empezó a desconfiar de todos sin excepción. Lograba compartir con la gente, pero siempre existía un límite, pues las cosas no cambiaban, y los intereses de ellos eran los mismos. No lograba estar cómoda en ningún lugar, no lograba dejar ese prejuicio de los demás. En su mente quedaron grabados todas las injusticias y daños provocados.
Un día algo empezó a cambiar. Conoció a un joven, con quien se llevaba muy bien. Empezaron a conocerse profundamente y a hablar muy seguido. La joven sintió que no todas las personas eran crueles como las anteriores, que había esperanza de conocer a gente que no lo fuera y que no todo estaba perdido.
Sin embargo, toda esa ilusión nuevamente se murió. Aquel joven después de un tiempo se marchó. Esto fue lo que en su corta vida más le afecto a su alma y a su corazón. Esta totalmente desilusionada de la vida, volvió a la soledad, pero esta vez estaba más hundida en su pena, en su soledad profunda que antes. Por primera vez empezó a demostrar sus sentimientos, pues ya no podía seguir ocultando todo el dolor acumulado de esos años. Pues, fueron demasiadas las injusticias, las comparaciones, las decepciones, las angustias, la rabia, la tristeza, la soledad con que había soportado tanto tiempo. Pero no quería que nadie lo supiera.
Cada persona que le preguntaba, ella respondía que no le sucedía nada; por primera vez empezó a sentir rencor contra todos aquellos que la dañaron. Sólo quería sentirse querida por una vez en la vida, y sentir que era importante para alguien, dejar de concebir la indiferencia de los demás. Sólo quería partir todo de nuevo.
Desesperada un día salió de su hogar para nunca regresar. Quería dejarse estar, que el viento del olvido le borrara todo rastro de su pasado, o perecer de la angustia para no seguir en una vida tan injusta.
En un lugar alejado y deshabitado se quedó, tirada en el piso, dejando que el destino jugara con ella. Fue cuando apareció una persona que al verla dijo:
Dime, niña de ojos tristes, qué te sucede?
-Es una larga historia, que nunca quise contar…
Pero quizás pueda hacer algo por ti
-Nadie puede hacerlo, es el fin de todo
No puedo abandonarte acá, en este vacío, yo puedo ayudarte a salir de todo dolor
-El dolor lleva años conmigo, y ya llegó a su auge…mejor déjame morir y no trates de salvarme...
La niña, así como estuvo toda su vida desde su nacimiento, murió sola en medio de la nada que lo conforma todo. Sólo buscaba una cosa que pedía a gritos con sus ojos almendrados, con su mirada perdida: sólo quería el cariño de una persona.
Es el fin de una historia, pero no así el de una dura realidad, que continúa su curso…
1 comentario:
Hola.
Pues te cuento que buscando encontré tu blog. Sólo quisiera decirte que hay muchos que piensan como tú, aunque algunos estemos bien lejos, esta visión del mundo puede darse desde cualquier sitio. Yo te llevo casi 12 años y ciertamente desde que estoy en la escuela, siempre he sido el "outcast", el tipo que todo el mundo necesitaba para algo, ya sea ayuda con la tarea, o para reír a base de algún chiste o una payasada.
Lo peor del caso es que muchas veces estuve tan deprimido que apenas podía levantarme, y apenas otro ser humano me veía, tenía que ponerme la cara de sociable, alegre, amable, FELIZ!!! Y eso a veces me hería tanto a mí mismo. Es curioso, sólo la gente de mi casa ha visto mi verdadero yo, ellos siempre me llamaron "amargado" y la verdad, tenían razón, yo era un amargado, pero muchas veces disfrutaba serlo, porque así nadie se mete con uno. Todos se quedaban extrañados de que mis amigos dijeran que yo era muy amable, que siempre quería ayudar, que siempre me sacrificaba por mis amigos, etc. Claro, si quería lograr algo en este mundo, no podía hacerlo con mi cara verdadera, era necesario usar la máscara.
Soy un hipócrita, lo sé, pero muchas acciones de mis conocidos lo único que hicieron fue recalcar más la forma en que me sentía respecto al mundo. Conocía una chica que era mi vecina, me sentía tan a gusto con ella, porque realmente a ella no le importaba si yo era amable o alegre o no; ella me dejaba ser yo mismo y yo la dejaba a ella ser ella misma. Me empezó a gustar muchísimo y fue entonces cuando un "amigo" mío la ligó y la "apretó" (la agarró a besos) y todo lo que pudo ser entre ella y yo ya no lo fue nunca. Todo cambió radicalmente y mi forma de ver a mis propios amigos cambió para siempre también. De ahí en adelante lo único que hice fue pensar con más fuerza que este mundo no está recortado para amoldarse a personas como yo.
Pero siempre tuve que seguir fingiendo, porque para que me dejaran tranquilo necesitaba establecer "mi lugar en la sociedad", cumplir con mis requisitos como ser humano, que me obligan a estudiar, trabajar, llevarme bien con todos, para así ser una persona "normal" y sólo entonces tal vez me dejarían un rato a solas para poder estar conmigo mismo y con mi soledad, que para entonces valoraba más que la compañía de los demás. Tiempo después conocí a una chica que creí que me dejaría ser yo mismo nuevamente, pero resultó ser una persona totalmente dependiente de la persona que era yo por afuera, totalmente dependiente de mi máscara. Desde entonces vivo sólo dentro de mí, escapando cada vez más hacia adentro de mí mismo, cada vez llegando más a un lugar que existe en algún lugar en lo más profundo de mi alma, y del cual sé que no puede escapar ni un rayo de luz. Ella a veces ve lo que realmente soy y se pregunta a si misma, y me pregunta a mí, qué es eso que vi? Qué es eso que vi que eras, por un breve momento? Pero sé lo que pasaría si mi máscara es totalmente retirada, y por eso no lo hago, porque a pesar de todo necesito proteger mi espacio interior, manteniendo intacto mi espacio exterior, y ese proceso aunque duele, me permite aunque sea tener 15 minutos de paz al día, repartidos en ocasionales visitas al baño de hombres. Patético? Sí, pero honesto. A veces quisiera que esos quince minutos fueran 30 o 90 pero sé que a pesar de que tal vez los merezco, no los obtendré.
Black Lady: te comprendo perfectamente, porque aunque yo sea una empanada y tú un enyucado, estamos hechos de la misma carne mechada, separadas de quien sabe que vaca olvidada; y la verdad es que no tengo respuestas, sólo más preguntas y más formas de formularlas. El hecho es que yo también quisiera sencillamente un día irme y que nadie me recuerde...
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